Pensar Entre muros

Gabriel E. Brener

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Gabriel E. Brener

En abril 16, 2015, Publicado por , En Artículos - CCP, Con Sin Comentarios

Licenciado en Ciencias de la Educación por la UBA, Diplomado en Gestión y Conducción de Sistema Educativo por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Docente de la Cátedra Educación II en la carrera de Ciencias de la Educación de la UBA.

Entre Muros es un film de reciente aparición, en el que su director, Laurent Cantet1, nos hace un lugar para explorar aquello tan intenso y complejo que acontece al interior de un aula de escuela media en esta época. Nos permite espiar, casi en tiempo real, instantes de un día cualquiera de la vida en las aulas. Algunas situaciones del cotidiano escolar permiten al espectador recuperar la propia biografía escolar, ya sea por contraste, lejanía, o extrañeza respecto de ella, ya sea por identificación o por los interrogantes que provoca, lo que parece improbable es permanecer indiferente. Aquello que sucede al interior de las escuelas en tierras galas es muy provechoso para analizar las prácticas escolares En diversos espacios de capacitación y diálogo con docentes y directivos de escuelas medias de diferentes lugares de nuestro país2, pude relevar la proximidad y familiaridad de aquellas escenas con las nuestras.

Este artículo es una invitación a pensar entre muros. Por un lado, abordar este relato fílmico como texto, sobre el cual poder subrayar, destacar, criticar, tomar distancia y también posición. Por otro lado, arriesgar una reflexión entre fronteras. Entre límites que parecen infranqueables, que separan a un grupo de adolescentes que practican el rol de alumnos de otro grupo de adultos (en particular uno de ellos) que intentan enseñarles, que les ofrecen algunos medios de orientación, en una trama de intercambios y situaciones que nos convence, al menos, de que dicho pasaje se nutre de contradicciones, complejidades, desencuentros, pasiones y apatías, sinsabores y una buena dosis de incertidumbre.

Es un auspicioso ejercicio para reflexionar sobre los encuentros y desencuentros entre generaciones, entre docentes y alumnos, entre culturas diferentes, para resignificar a la escuela como un ámbito valioso de pertenencia, de filiación y transmisión cultural.

Al finalizar la primera escena, que incluye un buen tramo de la clase inicial de Francois Marin (el protagónico profesor de Lengua), estamos frente a un relato fílmico que logra condensar, en pocos minutos, lo complejo e incierto del trabajo pedagógico en el aula y los múltiples condicionamientos del oficio de ser profesor o profesora.

Complejidad que se corporiza, entre otros asuntos, en algunas de estas variables: sincronización de habilidades para manejar un grupo de adolescentes muy heterogéneos, dominio de la disciplina a enseñar, de los modos de acceder a ella, moderación del dialogo colectivo,

control y seguimiento de las participaciones, sostenimiento de un clima necesario para una buena convivencia, capacidad para anticipar (prevenir) e intervenir en una situación conflictiva, para seguir la sinuosidad del pensamiento de cada uno y de todos en forma simultánea y retomar el hilo conductor de la clase, intervención en situaciones de enfrentamiento verbal, físico entre alumnos/as, atención al conjunto de la clase al mismo tiempo que al uno a uno… y podríamos seguir con una vasta lista de acciones.

El oficio del profesor puede emparentarse con el de un actor. Una intensa exposición, el desafío de la seducción constante o el riesgo de “quedar nominado” o “sentenciado” según la real academia televisiva. A diferencia de la actuación3, el docente no dispone de un libreto exhaustivo, sino de algunas ideas (“planificación” en la jerga pedagógica) que se asemeja más a un viaje del que sólo (a veces) se conoce su punto de partida.

Laurent Cantet ofrece un singular recorrido en el que nos zambulle, sin escalas, en el paisaje escolar de esta época, con aquellos accidentes geográficos que suelen notarse a simple vista pero también con fenómenos poco tangibles que transitan debajo de la superficie y marcan el pulso, la temperatura de las clases. Realidad ininteligible la del aula, que sin dudas puede equipararse, en otra escala, con las circunstancias de la vida en comunidad. En palabras del director:

“(…) pensaba que era interesante mirar una clase porque ahí está el origen de todas las cosas importantes que se plantean en nuestra sociedad. Es el lugar donde los jóvenes comienzan a reflexionar sobre su lugar en el mundo. Una clase es una comunidad. Finalmente representa bien a nuestra sociedad. Por otra parte, tenía ganas de filmar adolescentes. Es un momento tan importante en la vida. Tenía ganas de filmar esa energía. (…)”. (Diario Clarín, 14 de Abril de 2009)

 

 

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